La mañana era fresca, el cielo está despejado y yo… Me veo absolutamente normal. Si fuese el típico día en que todo será malo, el día estaría lluvioso, el cielo cubierto por una tela de nubes grises que no sería visible ni mi propia mano, y mejor ni hablo de mi apariencia, estaría totalmente fatal, los ojos hinchados de una larga y dolorosa noche, que a su vez dan lugar a la despreocupación por mi vestimenta. Bueno, esta ultima he de decir que tal vez sea lo único que refleje el día... pues a todo lo demás… No me pueden ver mal.
Estoy sentada en la banca de siempre, esperando a la gente de siempre, veo como las personas pasan y todos… todos sonríen… yo… yo no puedo, no porque no me guste, la sonrisa es mi mayor tesoro, pero no me nace… no hoy. Hace unas horas debí de haber partido, el tren ya pasó… pero no, sigo aquí, aún viendo pasar a la gente, a mi derecha se encuentra una pareja de novios, van tomados de las manos mientras hablan fluidamente, se ven felices. A la izquierda una madre con sus hijos, discutiendo por quien ira de la mano de la madre. Y al frente, solo unas vías de tren que parecen no tener fin, y yo… solo estoy sentada, esperando. A qué espero tal vez se pregunte la anciana de la taquilla, si me pregunta la verdad no lo sé, hace unos meses vi mi vida trastornada, dio un giro de 180° el día que me entere… el día que me cambió la vida.
Hace 4 meses camino a casa, mi vida y la de mi marido cambiaría en un ambiente tan amoroso y positivo, pues me habían dado la noticia que al fin lograba embarazarme, llena de felicidad y gusto corrí para contárselo, preparaba la cena más feliz que nunca esperando darle la buena nueva sobre nuestro primogénito. Eran las 10 de la noche, un aire de preocupación me recorrió todo el cuerpo, algo andaba mal, hacía 2 horas que mi esposo debió haber llegado… y él, no aparecía por ningún lado… las 11, me encontraba totalmente desquiciada, preocupada y desconcertada, no sabía que estaba ocurriendo. Al poco rato antes de las 12 alguien toco la puerta, los padres de mi esposo aparecieron, pues los había llamado unos minutos antes, vieron en mi rostro la tristeza y la preocupación que inmediatamente comenzaron a preguntarme a quienes había llamado, y como lo hice yo en su principio, llame a sus amigos, a la empresa, a los parientes, y nadie me daba rastro de él… nadie lo había visto. Por ley, tienen que pasar 72 horas para que la policía intervenga… ese tiempo, es un tiempo muy valioso para nosotros… Llenos de terror y ansiedad pues desconocíamos el paradero de mi marido. Mis padres tratando de consolarme en todo momento, sentía yo que ellos sabían ya más de esto que yo. Pasadas las 72 horas la policía tomo acción… sentados en la sala de mi casa, entre sollozos les di la noticia de mi embarazo tanto a mis padres, como a mis suegros… dijeron que a pesar de la situación ellos me apoyarían para sacar adelante a mi bebé, hasta ahora no me han fallado en nada…
Ese día cambió mi vida, mi esposo de pronto desapareció de la nada, creímos que cayó en manos del crimen, otros rumoran que me abandono, más realmente no sabré que paso… Y yo… esperando un hijo suyo, vaya vida… siempre me imagine este embarazo diferente, con mi amoroso esposo a mi lado, cuidándome como él siempre me llamo, como una princesa… más no... Esto ha sido todo lo contrario, es tan doloroso no tener ese alguien que te haga sentir especial, ese alguien que te proteja cuando el miedo te acecha, ese alguien que escuche tu dolor, ese alguien que no sienta las primeras pataditas del producto de su amor… Lo extraño, tal vez por eso estoy aquí… en esta estación de tren… él solía viajar por el… tal vez solo vengo con la esperanza… de que algún día solo bajara del tren, correrá a mis brazos, besara mi vientre… y nos vayamos juntos a casa… es solo eso… la esperanza.
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- El relato está inspirado en un conocido, no es personal, no es familiar. Me reservo el anonimato.
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- El relato está inspirado en un conocido, no es personal, no es familiar. Me reservo el anonimato.
