jueves, 28 de abril de 2016

Querido extraño...

Jueves 28 de abril, 2016

Querido extraño…

Esta noche es una de esas en las que lo extraño aún más… tal vez es el calor de los días, el paso del tiempo que nos aleja uno del otro cada vez más… o tal vez es que están pasando tantas cosas en mi vida y lo único que pienso en esos momentos, es que yo a usted no le puedo contar…

Las noches de insomnio han abundado en las últimas semanas, ya que me es muy fácil perder el sueño y la calma al pensar que una persona más quien me importaba, de pronto ya no está… otro más decidió salir de mi vida, tal vez por mi bien, tal vez por el suyo, tal vez nunca se sabrá, pero no es un secreto que me hace falta y desde entonces ya nada es igual.

Tal vez cada vez que derramo una lágrima pensando en el vacío que su amistad me dejó, mi corazón poco a poquito se estremece, porque tristemente esto no es una decepción de amor. Y es que si lo fuera, tal vez sería más sencillo pensar que alguna vez pasó, pero esto no se trata de los sentimientos que van más allá de la razón, sino de aquellos lazos que uno forma por decisión.

Y es que usted es tan único y diferente, tan alegre y parlanchín, que me hacen mucha falta sus sonrisas, sus anécdotas y sus risas al vivir. Si digo que no lo extraño me estaría mintiendo a mí, pero eso de qué nos sirve, si usted me quiere evadir.

En caso de que usted leyera esto, permítame decirle que es una carta sincera, pues son las tres cincuenta de la mañana, y aquí me tiene una semana más sin dormir, tratando de entender y comprender qué hice mal para perder su amistad, y la verdad no encuentro razón.

Por último quiero decirle, que yo a usted lo aprecio mucho y si un día decide buscarme, tenga por seguro que en mi vida lo volveré a recibir, sólo no tarde mucho… porque me hace mucha falta, aunque a los demás no lo quiera admitir.

Querido extraño que era mi amigo… tal vez sea la última carta que le escriba, aun sabiendo que nunca le entregué ninguna otra… y no tengo ni la más mínima idea si eso está bien o está mal, pero si he de decirle que en mi cuaderno literario usted las podría encontrar...


miércoles, 6 de abril de 2016

Nunca había tenido problema para conciliar el sueño, hasta que lo conocí.

Nunca había tenido problema para conciliar el sueño, hasta que lo conocí. De pronto las noches se volvieron más largas entre la poesía, las risas y la vida; día a día me repetía el no querer irme a dormir por miedo a que desapareciera de mi vida, vivía con el temor a que fuera un simple producto de mi imaginación, porque alguien así no podía existir sólo porque si.

Y me gustaba sentarme a soñar despierta con sus ojos y su sonrisa, porque a mis ojos tenía una de las sonrisas más lindas que me he topado, y en sus ojos fui capaz de ver reflejados tantos misterios y secretos, pero nunca fui valiente para preguntar, porque no era mi lugar.

Todas las noches se encontraba esa constante batalla por estar despierta el mayor tiempo posible todo por el miedo a que si cerraba mis ojos, él desaparecería. Y tal como lo pensaba, una noche me dormí, y él se fue.

Una noche ya no pude más. Estaba exhausta de esa batalla, a la cual no se le veía un final; quería un respiro, un escape, una breve pausa; tome valentía y cerré los ojos.

Cerré mis ojos y ya no lo vi más, me veía a mi misma por la vida, caminando sin rumbo fijo, pero no me sentía más cansada, tal vez un poco sola y desubicada, pero nunca más exhausta.

Cuando abrí los ojos, él ya no estaba, él había partido. Me tocó verlo después , pero ya no era el mismo de un inicio, y ahí fue cuando me dolió, y me quise arrepentir de haberme dormido.

Pensé que si regresaba a mi lucha con el sueño y me mantenía despierta a diario por las noches, él volvería, tal vez algún día.

Al final, pasaron algunos cuantos días y él nunca volvió... Y lo único que me dejó es que yo nunca había tenido problema para conciliar el sueño, hasta que lo conocí.