Podemos pretender que no nos importa lo que sentimos, podemos pretender que no nos quisimos, podemos pretender que no nos elegimos, y podemos pretender que no aprendimos.
También podemos pretender que no ha pasado nada, que solo fueron juegos y palabras, que esperábamos ver quien en esta ocasión ganaba.
Las reglas era sencillas: el primero en sentir algo real perdía, el primero en perderse entre la realidad y la imaginación perdía. Y aquel que lograra salir sin un rasguño, sin ningún compromiso, sin nada que lo atara, ganaría.
Esta vez llegue lista a ganar, o bueno, lo podemos pretender.
Podemos pretender que quería salir ilesa; podemos pretender que no me perdía en ese par de preciosos ojos, podemos pretender que no sería víctima de esos amigables labios, podemos pretender que no volvería a enlazar nuestros dedos y manos, y podemos pretender que no encajaría en esos cálidos brazos.
Podemos pretender que nunca se acabó, podemos pretender que no se me rompió el corazón, podemos pretender que nada paso.
Podemos pretender que estaba lista para decirle adiós.
Porque al final, si pretendemos…




