12 a.m. salimos de la fiesta sin problemas, no ingerimos
alcohol, la habíamos pasado increíble, al fin me habían dado mi libro de Paulo Coelho
que tanto esperaba. Era tarde, teníamos que andar con cuidado, no me agradaba
la idea de salir tan tarde pero qué más daba, ya estaba ahí.
Cantábamos en el camino villancicos, bueno los cantaba yo,
los otros pidieron que me callara, iban escuchando su propia música, nos detuvimos,
había luz roja, apenas cambio a verde y avanzamos, y nunca hubiese imaginado lo
que pasó.
Sigo sin poder asimilarlo… El ruido de los vidrios rotos,
llantas derrapando… Fue todo tan rápido… No entiendo cómo sucedió, cómo es que
estoy aquí contándolo… debo estar agradecida que no pasó a mayores, pero el
miedo que siento no se va, me aborda por todos lados ese miedo que estuve
frente a la muerte…
Recuerdo la frase de mamá “No salgas tan tarde, no vaya a
suceder algo”… No, no, no… simplemente no, me retumba en la cabeza esa imagen
del auto volcado… por una parte el alivio de todos contestando estar bien… pero
la imagen… lo que sentí… no puedo dejarlo ir… Siento que sucedió con el fin de
hacerme olvidar otras cosas, de volverme a hacer valer mi vida, la de los
demás, la importancia que tiene el vivir…
No soy nadie para juzgar a nadie más… pero realmente espero
que el animal culpable de esto pague, pague por cada error que ha cometido… que
acepte la responsabilidad de manejar a un exceso de velocidad… quién iba a
decirlo que las ganas de agarrar un auto desaparezcan así de simple… me da
miedo… es tiempo lo sé, pero tengo miedo…
Estoy sentada en mi cama, tengo una faja en la cadera pues
me he lastimado, una férula en la mano pues me la fracture… Lo escribo con el fin
de poco a poco dejarlo ir, yo siento que es la única forma… plasmarlo en algo,
las imágenes, los recuerdos, todo… Pero en segundos mi vida cambió, de hoy en
adelante…
