Y nunca te
ha pasado que de pronto esa herida que habías cerrado años atrás, de pronto un
día toca a tu puerta y te dice “Hey no me olvides.”?
Porque de
la nada aparecen situaciones, anécdotas o recuerdos que no debieron de
regresar, porque ya no merecen que los recuerdes… no son razones de lágrimas,
hace mucho que lo dejaron de ser…
Pero cuando
te encuentras con insomnio, los ojos llorosos y el corazón en pedazos no puedes
hacer nada más que derrumbarte de nuevo en todos esos recuerdos.
Porque
aunque te repitas que eres fuerte y que todo es cosa del pasado, esa heridita
sigue ahí, como una astilla en el dedo… no la ves, pero cuando algo la roza, o
se acerca a ella… duele… y sigue doliendo como aquella vez…
Y es que
nunca dejará de doler, porque siempre existirá la incógnita del “hubiera” y
como odio esa palabra.
La odio
porque la repetiste y la hiciste resonar en mi cabeza… la odio porque aún me la
pregunto de vez en vez cuando me permito recordarte… la odio porque me recuerda
a ti y a nuestra falta de acción en los momentos importantes.
Y la odio aún mas,
porque también me he preguntado “si hubiera…” y no debería de hacerlo.
