La lluvia cae rápido, el viento sopla fuerte, me encuentro a la mitad de la vereda, estoy mojada, tengo frío, y tengo miedo. Me siento perdida, no hay nadie en las calles, todos se refugian de lo que parece una tormenta. Cuando a lo lejos veo las farolas de un coche, no quiero voltear con los tiempos que se viven en la ciudad puede ser cualquier loco. De pronto… suena mi teléfono, lo saco del bolsillo y… es tu nombre, aquel que aparece en la pantalla, pienso un poco, pero tengo frio y nada me haría mejor que escuchar tu suave voz. Contesto un poco tímida, pues tengo tiempo de no verte… menos de escucharte. Entre risas, me dices que porque me encuentro parada en la calle sin protección alguna, y entonces lo entiendo y observo con precaución, solo se trata de tu auto, volteo con una sonrisa, y me ofreces llevarme a casa, corriendo con cuidado subo al auto.
Una vez ahí… volteo y te miro, he de decir que siempre me has atraído, algo tiene tu mirada, tu sonrisa que me cautiva cada una de mis entrañas. Te saludo con un cálido y tierno beso en la mejilla, me siento como una niña pequeña tan boba e indefensa a tu lado… Pones en marcha el automóvil, sabes que estoy sonrojada, por más que intente cubrirlo me conoces perfectamente y sabes lo que está recorriendo por mi mente. Comienzas a hablar, de nuevo ese timbre de voz tan tuyo, tan seductor, tan cálido, tan envolvedor, me estremezco poco a poco más. Me animo a verte a los ojos, me pierdo en ellos como es costumbre y sí, mis mejillas están encendidas, lo siento en mi piel, solo sueltas una sonrisa, esa sonrisa que pareciera salida de comercial… Y seguimos rumbo a lo desconocido.
De hecho, ahora que lo pienso, no sé a dónde vamos, no me animo a preguntar, no vaya a ser que algo cambie, solo guardo silencio y me dedico a observar las calles de la ciudad, todo se ve tan desierto, es como si el mundo hiciera el complot perfecto para dejarnos solos a nosotros dos con la intemperie, de pronto todo desaparece y te detienes, parece una cabaña, un escalofrío corre por mi espalda, y unas terribles y traicioneras mariposas vuelan por mi estómago. Te miro llena de dudas, y de nuevo aparece… esa sonrisa, que solo me llena de paz, me tranquilizas con la pura mirada, y entro en confianza. Me atrevo a hablar, mi voz algo ronca, por el miedo que me da decir aquellas palabras, te pregunto dónde nos encontramos, entre risas me dices que fuera de la ciudad, que necesitamos hablar sobre nuestros sentimientos. Esas palabras me aterran, me helo por unos instantes, hasta que siento tu cálida mano tomando la mía, ahora caminamos juntos… Pero yo… sigo sin moverme, sigo sin poder asimilar todo, ¿qué te diré?, ¿qué es lo que siento?
Al entrar a la cabaña, es un lugar agradable, a comparación del clima de afuera, me pides que me ponga cómoda, mientras tu intentas prender la chimenea… te sientas a mi lado… me miras a los ojos, tus ojos se clavan en los míos… no podemos dejar de mirarnos… poco a poco te acercas… mi cuerpo comienza a sentir fuertes escalofríos, sé lo que estas pensando, sé lo que harás… y en menos de lo que me doy cuenta, ahí estas… con tus labios junto a los míos… el dulce sabor de tu boca… está conmigo…
Pero lo que paso después… ya es otra historia.

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